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Sobran los motivos 21/Abr/2017

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Por Jordy R. Abraham Martínez / jordyabraham@gmail.com

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Estas palabras fueron alguna vez pronunciadas por el activista hindú Mahatma Gandhi. A pesar de haber sido asesinado hace más de sesenta años, este mensaje parece impactar hoy de la misma manera que en aquellas épocas, atravesando las barreras del tiempo.
La guerra fría fue una disputa política e ideológica ríspida entre los Estados Unidos de América y la antigua U.R.S.S. Esta se mantuvo vigente durante varios decenios, propiciando una prolongada tensión entre ambas potencias mundiales, que amagaba con tener un desenlace bélico fatal. No obstante, nunca se dio efectivamente un ataque físico directo entre estos dos Estados, aunque los roces diplomáticos fueron una constante desde finales de los años 40, hasta finales de la década de los 80s.
El conflicto entre E.E.U.U. y la Unión Soviética, representaba el choque entre dos formas de gobierno antagónicas: el capitalismo y el socialismo. Tras concluir la segunda guerra mundial, la nación norteamericana era la única que contaba con armas nucleares. Ahora bien, Rusia optó por incrementar su poderío militar y en armamento nuclear, procurando ubicarse a la par de Estados Unidos.
A esto debemos agregar la firme disposición de estos países, por demostrar su capacidad tecnológica. A esta incesante pugna debemos la carrera espacial, en la que los rusos llegaron primero al espacio exterior con Gagarin; pero U.S.A logró alunizar primero con Armstrong y compañía.
Las provocaciones mutuas continuas tuvieron momentos de algidez, aunque también medió la conciliación por lapsos. Todo cesó con la Perestroika y la posterior caída de la U.R.S.S. Aparentemente la guerra fría había acabado y se abría una nueva brecha para una relación bilateral de paz entre quienes habían sido sus protagonistas.
Hace unos meses volvieron a presentarse diferencias significativas como la invasión de los rusos al territorio de Crimea o el supuesto espionaje de Moscú hacia distintos gobiernos de Occidente. Estos son precedentes dignos de tomar en cuenta.
Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, parecía que se iban a estrechar lazos de amistas con la federación de Rusia. Empero, las tensiones entre estas naciones han escalado aparatosamente en las últimas semanas.
El detonante fue un ataque ordenado por el presidente estadunidense hacia la región de Siria. Supuestamente como una represalia al gobierno del presidente Al-Ásad por haber empleado armas químicas contra sus ciudadanos. Cabe subrayar que el gobierno sirio es respaldado por Rusia.
El Secretario de Estado de Trump, casualmente es un conocido amigo de Vladimir Putin. Rex Tillerson es el director ejecutivo de una de las empresas petroleras más grandes a nivel global. El hombre encargado de la política exterior de los Estados Unidos, tiene una amplia experiencia en el trato de negocios internacionales con múltiples países, sobre todo con los rusos.
Al emitir declaraciones, ambas partes han mostrado firmeza en sus posiciones, a fin de cuentas ninguno de los dos puede permitirse mostrar debilidad. Rusia le pide a Washington no entrometerse de manera agresiva en Medio Oriente. E.E.U.U. pide a Moscú no apoyar a regímenes que presuntamente atentan contra los derechos humanos.
Definitivamente, es preocupante para la seguridad internacional, que estas superpotencias militares se polaricen y muestren hostilidad entre sí. Ahora bien, ¿Será este un enfrentamiento auténtico que pueda crecer en los próximos meses?
Algunos podrían pensar que se trata de un conjunto de estrategias políticas bien calculadas por parte del presidente Donald J. Trump. Lo que está en duda son las finalidades que estas hipotéticas estrategias pudieran perseguir.
Lo cierto es que los conflictos entre naciones siempre son desgastantes y nunca traen consecuencias favorables. La paz debe seguir siendo una prioridad en la agenda de todos los gobiernos. El diálogo debe prevalecer para mitigar cualquier diferencia eventual que pueda surgir en el orden internacional. Esperemos que el legado de Gandhi no se pierda en la memoria de los líderes mundiales.

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