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La cara y la cruz del toreo 24/Oct/2017 Toros

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La quinta de abono de la Feria del Pilar de Zaragoza planteaba, en la tarde de este miércoles, una corrida de toros en la que hacían el paseíllo Enrique Ponce, Cayetano y Ginés Marín, que sustituía al herido Colombo, que resultó corneado en Valencia este lunes y por tal motivo no pudo tomar la alternativa. Se lidiaban toros de Juan Pedro Domecq.

El primero de la tarde fue un toro muy bien confirmado. Astado  prototipo de la casa ganadera que dejó estar y componer a Ponce con el capote. Saludó el maestro con buen ramillete de verónicas ganando terreno en cada garboso lance. En varas lo justo y punto. El valenciano brindó al respetable pero todo quedó en intento de faena. El Juan Pedro echó la persiana y literalmente no pasó de la muleta salvo en la tanda de probaturas. En la siguiente con la diestra el abreplaza dijo nones y todo quedó en esfuerzo baldío. Sin material, dos pinchazos ante un verdadero marmolillo. Silencio.

Cayetano recibió al segundo con un saludo largo donde fue ascendiendo la intensidad capotera. Lo mejor la media en El centro del ruedo. Empujó el Domecq en el peto y después amagó con irse a las carencias durante la lidia y en buen quite de Ginés Marín. La media con sabor añejo.
La faena comenzó muy torera, exigente con clase y elegancia por doblones por bajo. Se impuso Cayetano a un toro que soltaba la cara y que reponía con prontitud para el siguiente. El diestro rondeño dejaba la muleta muerta imprimiendo ritmo en las series a diestras y largura en el trazo. Todo iba al alza, rompiéndose Cayetano y toreando con mucha prestancia en una faena claramente de gran registro. Cambió de mano para sacar naturales de mucho  poso ante un toro que sacó fondo y que embestía con tralla. Al cerrar una serie el Juan Pedro le tiró un certero derrote propinándole una cornada en el abductor izquierdo. Momentos dramáticos con el rostro del torero ensangrentado y con la pierna sangrando abundantemente. Cayetano tiró de raza y estoqueó a su oponente con un espadazo. Dos orejas tras la gran gesta torera.

El sobrero, del mismo hierro, 'Minucioso' fue un toro echó hacia delante, con pechos pero de manos cortas y poco cuello. Toro de expresión seria que se movió en la primera mitad de labor con cierta continuidad y transmisión pero sólo duró tres tandas a diestras. Ginés lo muleteó con muchas virtudes en su muñeca como el temple. Muy despacio estuvo Marín con un toreo de muchos enteros y aguantando parones a mitad del viaje. Parones que fueron más continuos a partir de la tercera tanda con un astado muy a menos. Ginés estuvo tan firme como dispuesto ante un animal que se desfondó pronto. Pinchazo y estocada ante un toro que no ayudó en la suerte suprema. Ovación.
Los primeros tercios pasaron con poca historia.

El cuarto no terminó de romper en el capote fue maestro con una embestida desclasada. Se enceló en el peto largo tiempo en su segunda entrada e hizo cosas en la lidia de falta de raza. Este llegó al último tercio sin muchas garantías de duración pero una vez más el catedrático obró el milagro. Enrique Ponce ante un toro que no tenía nada, le tapó tanto que lo hizo bueno para el toreo. La creatividad fue de tal parangón que metió en la canasta a un astado reacio a embestir pero de noble condición. Le puso la pañosa para que el Juan Pedro creyera que el mandaba pero la verdad fue que el dueño de las embestidas era el maestro valenciano. Tanto, que la dimensión alcanzada subió a medida que transcurría su 'clase magistral' de tauromaquia. El de Chivas estuvo impecable en todo ahormando un faenón clásico de dimensiones inigualables. Oreja que debieron ser dos tras aviso, por la insensatez del palco que fueron pedidas con mucha intensidad. Faena de mago del toreo donde se inventó una creación pictórica en la tierra del maestro Goya.

El quinto de la tarde fue un toro muy alto tal vez justo de remate. Que se tapaba con la cara y que debido a su altura jamás descolgó. El Juan Pedro que deslució el recibo de capote del extremeño no dijo nada durante toda la lidia. Un astado sin celo, justo de raza y de embestida anodina. Ginés Marín puso ilusión y empeño pero con escaso resultado artístico por la falta de colaboración de su oponente. Silencio.

El sexto, un tio de  amplitud de sienes cornipaso y de conformación baja. Astado de temperamento y justo de raza como casi toda la corrida. Ponce tras brindar a su cuadrilla volvió a obrar otra gran faena a un toro que protestaba por arriba y que por abajo tiraba un derrote al cuerpo sin apreciarlos la mayoría. Toro de embestida suelta y muchas teclas al que el valenciano con prodigiosa técnica y estética metió en la canasta. Enrique lo cosió a su primorosa muleta y le firmo una faena muy compacta. La ligazón y los espacios fueron un ejemplo de exquisito planteamiento. Un pinchazo en una banderilla y aviso precedieron a una vuelta clamorosa.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Misericordia, Zaragoza. Quinta de feria. Corrida de toros. Lleno.

Seis toros de Juan Pedro Domecq.

Enrique Ponce, silencio, oreja y vuelta.

Cayetano, dos orejas.

Ginés Marín, ovación y silencio.

Con información de Emilio Trigo / Fotogalería: Emilio Méndez, de la página: http://www.cultoro.com

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