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Ureña, sensación de torero poderoso 29/Mar/2017 Toros

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La corrida de Jandilla y Vegahermosa, tanto monta, no fue de grandes dificultades, pero tampoco fue corrida como para andar por casa. Fue un lote para plantear seguridad, firmeza, y tener las ideas bien claras. No aparecer con dudas e imponer gobierno desde el primer muletazo. Los humos con que aparecieron en el ruedo se los bajaron en varas. Tremendos los primeros puyazos que algunos soportaron bastante bien y otros no tanto. Pero según qué manos los manejaron, fueron una cosa u otra. He ahí la diferencia final.

El quinto, por ejemplo, fue un toro al que pegaron de lo lindo en la primera entrada al caballo, se incomodó al inicio de faena y comenzó a embestir a golpes. Pero delante había un torero en un momento ideal para estos trances y, posiblemente, para otros supuestos también: Paco Ureña.

El murciano, en sazón, tanteó de entrada ese molesto calamocheo del toro, gobernó sin concesiones la situación y, poco a poco, fue metiendo en vereda al de Vegahermosa. Primero, con seguridad y, luego, con insistencia, la cosa no se le volvió imposible. Asentado, firme en la arena, con poso de torero poderoso, Ureña acabó dominando la situación. No fue una faena de ligar de continuo los pases en principio, porque el toro no los admitía en bloque, pero la sensación de dominio contagió al toro que acabó entregado en la muleta del murciano. La manera de citar, por ejemplo, era una invitación sin peligro de rechazo que el toro admitió finalmente. Tampoco fue una labor fácil de ver. Cuando dejó una gran estocada de efectos fulminantes, se comprendió lo ocurrido.

La faena al segundo de la tarde tuvo idéntica seguridad y dominio de la situación, pero resultó más ligada y vistosa. De mayor continuidad en los muletazos, que tuvieron profundidad y hondura. Muy metido con el toro, centrado. El final de la faena, cuando ya parecía agotado el repertorio de derechazos y naturales, volvió a la izquierda, y esta vez de frente. Los ayudados por alto, previos a cuadrar al toro, tuvieron empaque. Muy sentida una faena, que no tuvo la rúbrica perfecta, pero faenas habrá en esta Feria de igual final y menor calado que tendrán premio. Al tiempo. La vuelta al ruedo que dio Ureña fue apoteósica. Como las de antes.

Ninguna de las dos faenas de David Mora llegó al tendido. Pareció acoplarse con la izquierda en el primero, pero no terminó de rematar. El toro acabó acusando el castigo en varas y todo, el toro y la faena, se vino a menos. El cuarto fue protestado por una supuesta cojera que no se veía clara. Tras un mitin en banderillas, Mora se perdió en intentos vanos, e incluso sorteó un pequeño susto.

El tercero de la tarde, un castaño de imponente presencia, fue ovacionado de salida. Pero ahí acabó prácticamente su historia. Tuvo vocación de embestir, pero lo que no tuvo fue suficiente fuelle como para recuperarse del duro castigo en el primer tercio. Javier Jiménez lo intentó por aquí y por allá, pero no encontró luz en el camino. Al sexto lo recibió a porta-gayola, salió arrollado sin consecuencias y, una vez de pie, se le ovacionaron unas verónicas de mucha voluntad. También en la muleta sufrió una fea voltereta que no pasó de ahí. Al toro le costaba y Jiménez, valentón y con actitud, trató de salvar la papeleta. Todo estuvo de parte del torero. El toro, como si la cosa no fuera con él. Plantó cara el torero, pero no le hizo mucho caso el de Jandilla. Y el asunto terminó en tablas.

JANDILLA, VEGAHERMOSA / MORA, UREÑA, JIMÉNEZ

Toros de Vegahermosa (1º y 5º) y de Jandilla, de excelente presentación, aunque desiguales de tipo, manejables con ciertos matices.

David Mora: metisaca, pinchazo y estocada (silencio); dos pinchazos _aviso_ y casi entera defectuosa (silencio).

Paco Ureña: estocada _aviso_ y dos descabellos (petición y vuelta al ruedo); gran estocada sin puntilla (oreja).

Javier Jiménez: media trasera y descabello (silencio); pinchazo y estocada (palmas).

Plaza de Valencia., 15 de marzo. Quinta de Fallas. Media entrada.

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