¿CÓMO SERÁ LA POLÍTICA EXTERIOR DEL NUEVO GOBIERNO?
Por:
María Cristina Rosas ( mcrosas@tutopia.com
)
Edición
869, 28/Junio/2006
Aun cuando la política exterior no es un asunto capaz de movilizar a las masas en el marco de la contienda electoral que vive México –a diferencia de tópicos como la creación de empleos, el combate a la delincuencia, etcétera-, es un tema insoslayable, sobre todo por los desatinos que en la materia ha tenido el gobierno de Vicente Fox.
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Aun cuando la política exterior no es un asunto capaz de movilizar a las masas en el marco de la contienda electoral que vive México –a diferencia de tópicos como la creación de empleos, el combate a la delincuencia, etcétera-, es un tema insoslayable, sobre todo por los desatinos que en la materia ha tenido el gobierno de Vicente Fox. Debido a la enorme ‘habilidad’ de la actual administración para generar tensiones entre México y diversas naciones del orbe como Cuba, Venezuela, Argentina, Chile, Brasil, las de América Central, China, etcétera, es evidente que quien sea electo Presidente tendrá una ardua tarea en términos de rehacer los vínculos internacionales de México y reconciliar al país con el mundo.
A juzgar por lo hasta ahora dicho por los candidatos de las tres principales fuerzas políticas del país, pareciera que sólo uno de ellos tiene una idea aproximada del reto que enfrenta México en materia de política exterior para los años por venir. En un documento denominado Agenda de política exterior 2006-2012, producto de un foro de reflexión sobre el tema, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) presenta una serie de tópicos que serían atendidos de manera prioritaria para los siguientes seis años, a saber: política exterior congruente con los objetivos de desarrollo económico y bienestar; relaciones con EEUU y Canadá, profundizando el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); fortalecimiento con las comunidades mexicanas en el exterior; recuperación de las relaciones con Centroamérica, el Caribe y América del Sur; la profundización de los lazos con la Unión Europea y los países del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC); ampliación de la presencia diplomática mexicana en el mundo, sobre todo en el Caribe, África subsahariana y el mundo islámico; fortalecimiento del multilateralismo; y relanzamiento de la cooperación internacional.
El Partido de la Revolución Democrática (PRD), que también desarrolló foros de reflexión sobre diversos temas, incluyendo las relaciones de México con el mundo, ha sostenido, en la voz de su candidato Andrés Manuel López Obrador, que de llegar a la presidencia promovería una política exterior de “bajo perfil.” Por último, el Partido Acción Nacional (PAN), en la voz de su candidato Felipe Calderón Hinojosa, provocó desconcierto entre la comunidad de estudiosos y especialistas en relaciones internacionales, cuando en el segundo debate televisado que sostuvo con los candidatos presidenciales de las otras fuerzas políticas, afirmó que no veía cómo se fundamentaba la tan llevada y traída proclama de que hay un vínculo entre la política interna y la política exterior (!!??).
Uno de los problemas que destaca en los pronunciamientos sobre política exterior de los candidatos del PRI, PAN y PRD, es su visión de corto plazo: hablan de una política de gobierno, no de una política de Estado; enfatizan sus prioridades para el sexenio por venir, pero nunca se preocupan por ayudar a configurar un proyecto de nación, ese plan maestro de largo plazo que permitiría promover cabalmente los intereses de México en el mundo, independientemente de la administración que se encuentre en el poder.
El desafío que plantea una visión de corto plazo, es que posibilita una gran improvisación. Incluso en el documento arriba referido del PRI, hay un desfase respecto a tópicos prioritarios como deberían ser las relaciones con la República Popular China –país que rápidamente está escalando posiciones de poder en la escena mundial, hecho que tiene y tendrá importantes repercusiones para México-; la lucha contra el terrorismo –que es la agenda número uno para el principal socio y vecino de los mexicanos, Estados Unidos-; y, la agenda para el desarrollo –que debe ser la agenda número uno para México. Hoy en día es posible escuchar con relativa frecuencia en las voces de cada uno de los tres candidatos de los partidos políticos ya referidos, que para México resulta fundamental fortalecer los lazos con América Latina y buscar la integración con esas naciones. Sin embargo, poco o nada se dice de la terrible crisis que aqueja a la integración latinoamericana, y del enorme trabajo de concertación política que la reactivación de este proyecto entrañaría. Por lo tanto, sin querer proveer una visión escéptica, todo parece indicar que, independientemente del partido que resulte victorioso en los próximos comicios federales, la política exterior de México seguirá operando en un segundo plano de importancia, con una visión de coyuntura y, por si fuera poco, con muchísimos problemas.
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