LA EXPLOTACIÓN DE LA ANTÁRTICA
Edición
881, 13/Septiembre/2006
La Antártica es el continente más sureño y comprende al polo sur. Con una extensión territorial de 14 millones de kilómetros cuadrados (el 98 por ciento del cual está cubierto por hielo), cuenta con una serie de cadenas montañosas
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
La Antártica es el continente más sureño y comprende al polo sur. Con una extensión territorial de 14 millones de kilómetros cuadrados (el 98 por ciento del cual está cubierto por hielo), cuenta con una serie de cadenas montañosas. Es un continente oficialmente deshabitado que alberga en su seno únicamente estaciones de investigación científica que muchos acusan, en realidad son maneras de colonizar y explotar los estratégicos recursos naturales que posee la región.
Para preservar a la Antártica de las presiones económicas y militares imperantes en el mundo, en 1959 se firmó el Tratado Antártico (entró en vigor en 1961) por parte de 12 países (Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, el Reino Unido, Sudáfrica y la URSS). Ciertamente el tratado no aborda las disputas fronterizas y limítrofes que numerosos países tienen en la Antártica (sino que, literalmente, las “congela” al no dar cabida a nuevos reclamos soberanos), y más bien se centra en evitar la militarización y la explotación de minerales en el continente. En 1998 se llegó a un compromiso internacional para evitar la explotación minera y de hidrocarburos en la Antártica por 50 años (2048). Con todo, existen fuertes presiones de parte de distintos gobiernos y corporaciones, para acceder antes del 2048 a los recursos del continente.
El turismo es una actividad creciente que intenta ser regulada por la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártica (AIOTA). Sin embargo, no todas las agencias turísticas que ofrecen paquetes a la zona pertenecen a la AIOTA y se sabe que numerosas embarcaciones transportan turistas a partes específicas del continente. Entre 2004 y 2005 hubo una afluencia turística a la zona de alrededor de 28 mil personas (todas ellas llegaron en barcos comerciales), cifra que podría incrementarse hacia el 2010 a 80 mil turistas. No es necesario insistir en que existe una fuerte preocupación respecto al impacto adverso que el turismo puede tener en el precario equilibrio ambiental de la Antártica.
Existen, además de los intereses comerciales claramente identificables, los de carácter “científico” que en muchos casos disfrazan pretensiones comerciales. Es en esta dimensión que se interpreta el reciente anuncio de parte de India de instalar una estación de investigación justo en una de las zonas más protegidas del continente, las colinas de Larsemann, en medio de protestas de diversos gobiernos y de grupos defensores del medio ambiente. Nueva Delhi justifica su interés en este proyecto, echando mano de una de las teorías que sugieren que Australasia, Sudamérica, África e India formaron alguna vez parte de un mega-continente denominado Gondwana. Diversos científicos indios sostienen que la costa oriental de India y la costa oriental de la Antártica, alguna vez fueron contiguas. Así, la base de investigación científica propuesta por India, trataría de comprobar, a través de investigaciones in situ, la validez de esta teoría.
Rusia, China y Australia, quienes tienen estaciones de investigación en la misma zona en la que India desea emplazar la suya, le han pedido a Nueva Delhi que desista de esta empresa, debido a que la región ya padece los estragos de las actividades humanas que ahí se desarrollan. Claro que es muy sencillo para esos países, quienes ya se encuentran en la región, decirle a otras naciones que se abstengan de asentarse en el continente.
Así, la relativa calma política que ha caracterizado al continente antártico por tanto tiempo, actualmente debe enfrentar la disputa por las colinas de Larsermann, situación que puede reavivar otra serie de reclamos que se mantienen latentes por parte de otros países hacia la región.
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