LA OTRA CARA DE CHINA
Edición
883, 25/Septiembre/2006
Crónicas desde Manchuria
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Harbin, China.- Hablar de China en estos días equivale a pensar en el dinamismo económico de ese gigante asiático, consumidor del 40 por ciento del cemento, del 30 por ciento del hierro, del 21 por ciento del platino, y del 15 por ciento del aluminio del mundo, sin dejar de lado sus necesidades energéticas (China se convirtió en importador neto de petróleo en 1993 y actualmente consume siete millones de barriles diarios, la mitad de los cuales los adquiere en el exterior, convirtiéndose así en el segundo mayor consumidor de hidrocarburos del planeta y en el tercer mayor importador, sólo detrás de Estados Unidos y Japón), mismas que han contribuido al alza espectacular de los precios del petróleo a escala global.
Así, a los ojos de propios y extraños, China es un país que se moderniza a pasos agigantados y esto llevaría a pensar que todas las regiones de esa gran nación experimentan un crecimiento vertiginoso, al mismo ritmo que el que se observa en ciudades como Shanghai, y Guangzhou (Cantón), por citar sólo dos de los casos más conocidos.
Sin embargo, el noroeste chino es diferente. La región forma parte de lo que fue Manchuria, área que posee zonas portuarias no congeladas (Dalian) y que, por lo mismo, fue (lo es todavía) fuertemente disputada por los rusos y los japoneses a lo largo de los siglos XIX y XX. De hecho, los vestigios eslavos y nipones se hacen notar en la región. Harbin, capital de la provincia de Heilongjiang, muestra la influencia rusa que se observa en la espectacular iglesia estilo bizantino de Santa Sofía, al igual que en las diversas construcciones de la ciudad. Por otra parte, el legado japonés, materializado en Changchun, capital de la provincia de Jilin, da cuenta de la incursión nipona en la primera mitad del siglo XX, misma que posibilitó el establecimiento de un gobierno títere a cargo del “último emperador” Pu Yi, etapa recreada, por cierto, por Bernardo Bertolucci en la película del mismo título. Asimismo, a unos 20 kilómetros al suroeste de Harbin, se encuentra la que fuera la base experimental de armas biológicas de los japoneses, donde desarrollaron pruebas de inoculación en seres humanos a lo largo de la segunda guerra mundial en la lógica de la “guerra biológica”.
Las tres provincias que integran el noroeste chino (Liaoning, Jilin y Heilongjiang) abarcan una superficie de 800 mil kilómetros cuadrados (menos de la mitad del territorio mexicano), con una población de 100 millones de personas (es decir, casi igual a la población de México). Durante los tiempos de Mao Zedong, el noroeste fue la base de las políticas de industrialización, y el orgullo del país, de donde emanaba buena parte de su prosperidad. Sin embargo, en la actualidad, la zona se encuentra rezagada respecto al sureste y por eso las autoridades chinas se han propuesto revitalizar a la región, que contribuye apenas con el 5 por ciento del comercio exterior total de China. Parte de la explicación estriba en el hecho de que numerosos inversionistas extranjeros prefieren asentarse en la zona del delta del río Yangtze, donde se encuentran los proyectos de alta tecnología, y telecomunicaciones que más interesan a naciones como Corea del Sur y Japón.
Ciertamente Japón, sacándose la espinita de la segunda guerra mundial, tiene una presencia muy importante en el noroeste chino y, por ejemplo, el idioma japonés es muy popular y se ha tornado casi obligatorio para los chinos que desean emplearse en alguna de las corporaciones niponas asentadas en la región, particularmente en Dalian. Tokio invierte fuertemente en la zona, si bien el 40 por ciento de la totalidad de las corporaciones niponas asentadas en China, se encuentra en la zona del río Yangtze.
Así, el futuro de esta parte de Manchuria parece incierto en tanto no se combinen una serie de estrategias de parte del gobierno para fomentar el desarrollo regional y atraer más inversiones extranjeras. De hacerlo, la zona podría erigirse en otro polo de desarrollo de gran relevancia geopolítica y neoeconómica.
|