¿DEBE AMPLIARSE EL MERCOSUR?
Edición
884, 29/Septiembre/2006
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Buenos Aires, Argentina.- El Mercado Común del Sur (MERCOSUR) nacido en 1991 con la participación de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, firmó el protocolo de adhesión de Venezuela a esta institución el pasado 25 de mayo, estableciendo un período de cuatro años para concretar la adhesión plena del país andino. En este sentido, la membresía venezolana se produce de conformidad con los principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio, y se reconocen las asimetrías imperantes entre la nación andina y los demás socios mercosureños. Así, se tiene previsto que hacia el 2013, la totalidad del comercio de Venezuela con los cuatro países platenses, esté libre de obstáculos.
Con esta medida se empieza a concretar una aspiración que se ha acentuado en los últimos años en el Brasil de Lula da Silva: la creación de una Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN) integrada esencialmente por los socios del MERCOSUR, Chile, los miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y las Guayanas. Con todo, la CSN ha padecido por lo que muchos consideran una falta de liderazgo de Brasil, país que maneja simultáneamente diversas agendas a las que apoya de manera un tanto cuanto desordenada. Así, por ejemplo, lo mismo busca acercamientos con los países africanos que con los árabes y China; se involucra en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) lidereando al llamado “grupo de los 20” para impulsar el desmantelamiento de los subsidios agrícolas; y además sigue insistiendo en obtener un lugar como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Si bien se trata de activa política exterior, diferente, dicho sea de paso, de la de México, aun no se han producido resultados positivos en la mayor parte de las agendas ventiladas por Itamaratí. De ahí que se considere que la adhesión de Venezuela al MERCOSUR sea un resultado muy menor respecto al plan original de crear la CSN.
En cualquier caso, la membresía venezolana en el MERCOSUR es una realidad. Hoy los ciudadanos venezolanos tienen la prerrogativa de viajar sin restricciones por los países platenses (dado que ahora poseen el “pasaporte MERCOSUR”), pero más allá de ello, vale la pena preguntarse si esta acción contribuye a consolidar la tan llevada y traída integración latinoamericana. Porque hay que recordar que casi al mismo tiempo en que Venezuela gestionó su incorporación al MERCOSUR, denunció su participación en la CAN, a la cual abandonó, sumiéndola en una profunda crisis. El Presidente venezolano Hugo Chávez estableció como justificación para abandonar la CAN, las negociaciones efectuadas por Perú y Colombia con Estados Unidos para crear sendos acuerdos de libre comercio, con lo cual “traicionaban” el espíritu latinoamericano de integración. Pero el accionar de Venezuela, al retirarse de la CAN y sumarse al MERCOSUR no le hace ningún favor a la integración latinoamericana, máxime cuando algunos miembros del MERCOSUR como Uruguay, han externado abiertamente su intención de firmar tratados de libre comercio con Estados Unidos. ¿Qué pasaría si el gobierno de Tabaré Vázquez efectivamente concretara esta iniciativa? ¿La administración de Hugo Chávez despotricará contra Uruguay y abandonará su recién nacida membresía en el MERCOSUR, como lo hizo con la CAN? ¿No sería mejor que el MERCOSUR se consolidara internamente en lugar de buscar la ampliación a nuevos socios?
Así las cosas, todo parece indicar que la integración latinoamericana está dando tumbos y justo en el peor momento, considerando el estancamiento de las negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que naturalmente es el foro ideal para que países como los latinoamericanos, busquen un mejor acceso a los mercados internacionales. La falta de avances en la OMC redunda en que las grandes potencias comerciales (como Estados Unidos, Japón, la Unión Europea y ahora también China) privilegien las negociaciones bilaterales, donde tienen enormes ventajas. De manera que es un buen momento para repensar la (des) integración latinoamericana.
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