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EEUU: de las operaciones de paz a las operaciones de estabilidad
Edición 887, 21/Octubre/2006




María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com

Shanghai, China.- A principios de la década de los 90, Estados Unidos decidió involucrarse activamente en las operaciones de mantenimiento de la paz (OMPs) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El país elegido para ello fue Somalia. Las razones de esta elección son múltiples, desde la estratégica ubicación del país africano, hasta la euforia producto del fin de la guerra fría y del colapso de la Unión Soviética, pasando por la fácil victoria que Washington obtuvo sobre Irak en la primera Guerra del Golfo. Eran los tiempos de la proclamación del nuevo orden mundial, “orden” en el que Estados Unidos parecía tener la sartén por el mango y por lo tanto poseía condiciones para responder a los diversos conflictos mundiales actuando como una especie de “policía global” o globocop. De ahí que EEUU decidiera desarrollar la operación “Restauración de la esperanza” (Restore Hope) en Somalia, con resultados que, como se recordará, fueron desastrosos.

A lo anterior se suman los múltiples problemas que Washington ha debido enfrentar con motivo de sus incursiones bélicas en Afganistán e Irak, donde ha obtenido la victoria militar, pero no logra estabilizar dichos territorios (una nota periodística publicada en el diario francés Le Monde señalaba recientemente que el número total de víctimas en Irak desde la invasión estadunidense de marzo de 2003 supera ya las 650 mil personas). Ya desde junio de 2001, con antelación a los ataques terroristas de septiembre, la doctrina militar estadunidense retomó un concepto que solía usarse en otros tiempos: “operaciones de apoyo y estabilización.” Pero no sería sino hacia noviembre de 2005, que el gobierno estadunidense daría a las acciones de reconstrucción post-conflicto, el mismo rango de prioridad que a las operaciones de combate (directiva 3,000.05 del Departamento de Defensa). Claro está que hasta los oficiales estadunidenses menos calificados reconocen que para ejecutar operaciones de apoyo y estabilización primeramente hay que obtener la victoria, por lo que, en términos reales, las acciones post-conflicto nunca podrán tener el mismo nivel de prioridad que el combate.

En este sentido, pareciera que Estados Unidos está echando a andar su propio plan en materia de “construcción de la paz” al margen del trabajo que realiza la ONU en la materia -recordando también que justamente uno de los resultados de los debates sobre las reformas de Naciones Unidas a 60 años de su creación, fue la creación, en diciembre de 2005, de la Comisión para la Construcción de la Paz, encaminada a tareas como la reconciliación nacional, la reconstrucción, etcétera, de países aquejados por el conflicto.

Estados Unidos ha dejado entrever que lo que hoy caracteriza como operaciones de apoyo y estabilización, ya lo venía haciendo anteriormente, por ejemplo, a través del aprovisionamiento de capacidades de ingeniería civil, habilidades médicas, asesores para ayudar a quienes necesiten aprender a administrar programas de reconstrucción y restablecer su autoridad, etcétera. Dado que la ONU, a través de las OMPs calificadas como “complejas” desarrolla esas y otras tareas en los países atribulados por el conflicto, vale la pena preguntar por qué Estados Unidos decide “duplicar” el trabajo de Naciones Unidas.

La respuesta es evidente. La administración Bush considera que no necesita a Naciones Unidas para promover sus intereses particulares. Además, operar al amparo de la ONU, supone una supervisión y control (simbólicos, si se quiere), por parte del Consejo de Seguridad (del que Washington es miembro permanente con derecho de veto), que evidentemente Estados Unidos no desea tener. Ya Washington tuvo problemas con la ONU en la misión desarrollada en Somalia a principios de los 90, cuando EEUU quería construir o reconstruir un Estado fallido (o failed State), y Naciones Unidas buscaba procurar asistencia humanitaria a los afligidos somalíes. Ese desacuerdo entre EEUU y la ONU probó ser fatal. Siguiendo con ese razonamiento: ¿están condenadas las operaciones de apoyo y estabilización al fracaso?

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