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Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU
Edición 888, 29/Octubre/2006




María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com

Guangzhou, China.- Luego de la obligada “depuración” para elegir al sucesor de Kofi Annan, al frente de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la que participaron seis candidatos asiáticos y una europea, terminó el suspenso y el elegido es el surcoreano Ban Ki-moon. Junto con él, los aspirantes (finalistas) al cargo fueron Shashiu Tharoor (India), Jayantha Dhanapala (Sri Lanka), Ashraf Ghani (Afganistán), Sukariart Sathirathai (Tailandia), Zeid Ra’ad Zeid Al-Hussein (Jordania) y Vaira Vike-Freiberga (Estonia).

El Secretario General de la ONU es electo por la Asamblea General tras la recomendación formal que del candidato en cuestión haga el Consejo de Seguridad. Esto significa que cualquier persona que seriamente desee ser investido (o investida) como Secretario (a) General de Naciones Unidas, requiere, necesariamente, del apoyo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China) o, por lo menos, la abstención de alguno de ellos para que su candidatura pueda prosperar.

Para el proceso sucesorio en turno, el candidato o candidata debía ser oriundo (a) de algún país asiático, dado que la ONU se rige por el principio de distribución geográfica según el cual las diferentes regiones del planeta deben estar cabalmente representadas en los órganos, programas y organismos especializados del Sistema de Naciones Unidas. En el caso particular de la Secretaría General también hay otra regla no escrita: el (la) candidato (a) debe proceder de países en desarrollo, un poco para “compensar” el hecho de que en otros órganos, como el Consejo de Seguridad, son los países desarrollados los que llevan la batuta y controlan ese órgano. Asimismo, el que “correspondiera” ahora a Asia la Secretaría General tiene que ver con el hecho de que la última vez que un asiático estuvo al frente de este órgano fue en el período 1961-1971, cuando el birmano U-Thant sucedió al sueco Dag Hammarskjöld tras su trágica muerte.

A diferencia de Annan, Ban Ki-moon no es un “insider”, es decir que, su carrera diplomática no la hizo exclusivamente en el seno de Naciones Unidas (Annan es el primer Secretario General en la historia de la ONU en haber hecho toda su carrera profesional en Naciones Unidas). Nacido el 13 de junio de 1944, Ban Ki-moon ha fungido como canciller de Corea del Sur, embajador de su país ante el gobierno de Estados Unidos y el de Austria, asesor de seguridad nacional para la presidencia surcoreana y también desempeñó algunos cargos en Naciones Unidas. En la pasada década a Ban Ki-moon se le ha visto participar activamente en las negociaciones en torno a las relaciones entre las dos Coreas, además de que ha sido uno de los protagonistas en las gestiones con Corea del Norte para tratar el tema de su desnuclearización –tópico que, en la actualidad, es crucial, luego del ensayo nuclear efectuado por Pyongyang.

El pasado 2 de octubre, en la que fue la cuarta consulta efectuada por el Consejo de Seguridad para definir cuál de los siete aspirantes arriba referidos tendría más apoyo, Ban Ki-moon se ubicó a la cabeza de la misma, por lo que el indio Shashi Tharoor retiró ese mismo día su candidatura. Asimismo, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad estuvieron de acuerdo en que Ban Ki-moon sea investido como nuevo Secretario General, situación ya ratificada por la Asamblea General para que el surcoreano entre en funciones a partir del 1° de enero de 2007 por un período de cinco años.

Los retos del nuevo Secretario General incluyen aspectos tan cruciales como reconciliar las agendas de seguridad y desarrollo en el seno de la ONU, además de que tendrá que trabajar activamente en el desarme, sobre todo nuclear, químico y biológico, en momentos en que la carrera armamentista ha cobrado nuevos bríos. Asimismo, habrá de velar porque la lucha contra el terrorismo se efectúe con las aportaciones de los 192 miembros de la ONU y no a partir de lo que diga y decida exclusivamente Estados Unidos. Todas estas tareas se antojan difíciles, aunque no imposibles. Finalmente, en la historia de la ONU, la personalidad y habilidad negociadora de cada Secretario General, siempre ha hecho la diferencia.

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