EL FUTURO DEL PROTOCOLO DE KYOTO
Edición
892, 24/Noviembre/2006
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
El cambio climático es una realidad que ha propiciado la recurrencia de, por ejemplo, los desastres naturales, muchos de los cuales constituyen verdaderas amenazas a la seguridad de las naciones del mundo. La administración Bush, inmersa en su guerra global contra el terror le prodiga muy poca atención a la agenda ambiental, pese a que, como quedó de manifiesto en 2005 con el destructivo huracán Katrina, ni siquiera la nación más poderosa del mundo está exenta de los efectos del ecocidio.
El Protocolo de Kyoto sobre cambio climático, uno de los acuerdos internacionales más importantes en materia ambiental, tiene vigencia hasta el año 2012. Sin embargo, en la propia estructura del documento no existe compromiso alguno para extender dicha vigencia. De ahí que diversos gobiernos, preocupados por las consecuencias del cambio climático, estén promoviendo un compromiso político para garantizar la renovación de este acuerdo.
En este espíritu se inscriben el impactante documental narrado por el exVicePresidente de Estados Unidos, Albert Gore, titulado Un Inconfortable Truth, al igual que el informe del británico Sir Nicholas Stern, quien estima una serie de impactos ambientales con consecuencias económicas mayúsculas para el mundo, si se desatienden las acciones encaminadas a revertir la devastación ambiental en el transcurso de los siguientes 10 a 15 años. Por ejemplo, entre los aspectos que destacan en el Informe Stern figuran los siguientes:
- Las emisiones de bióxido de carbono ya han propiciado que la temperatura global se incrementara en medio grado centígrado;
- Si no se toman medidas apropiadas para reducir las emisiones de las gases que producen el efecto de invernadero el planeta experimentará un calentamiento adicional entre dos y tres grados centígrados hacia el 2050;
- El incremento de la temperatura del planeta transformará la geografía física del planeta y la manera en que viven sus habitantes;
- Las inundaciones, las tormentas, los huracanes y la escasez de agua se tornarán más frecuentes;
- Los impactos del cambio climático podrían costarle al planeta entre el cinco y el 20 por ciento del producto mundial bruto (PMB) en tanto las acciones para reducir las emisiones de gases contaminantes que provocan el efecto de invernadero costarían únicamente el uno por ciento del PMB;
- Si los gobiernos no actúan, cada tonelada de bióxido de carbono podría causar daños estimados en 85 dólares;
- Las emisiones de bióxido de carbono en la atmósfera deberían limitarse al equivalente de 450-550 partículas por millón; y
- Entre las acciones a desarrollar de manera más urgente figuran las penalizaciones por las emisiones de bióxido de carbono, el empleo de nuevas tecnologías anticontaminantes y el fortalecimiento de los acuerdos internacionales.
Así, el Informe Stern, en resumidas cuentas, sugiere que es mucho más barata la prevención. De ahí que la última de las propuestas arriba reseñadas sea tan importante. Stern insiste en que el impacto ambiental rara vez es ponderado en las actividades económicas. Esto da pie a que proponga fijar un precio apropiado a las emisiones de bióxido de carbono, por ejemplo, a través de más impuestos, de normas para endurecer el “comercio de emisiones” –basado en que hay países que pagan por su “derecho a contaminar”. Asimismo, el empleo de tecnologías altamente eficientes con bajas emisiones de bióxido de carbono es crucial, si bien se reconoce que en los pasados 20 años se ha desplomado la investigación en este ámbito (Francia, por ejemplo, en el terreno energético gasta casi todos los recursos destinados a la investigación y el desarrollo, a la energía nuclear). Por lo tanto, un genuino desarrollo sustentable reposa en el reconocimiento de que la devastación ambiental es un problema real que llegó para quedarse y que merece toda la atención del mundo.
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