ESPECIAL
Diálogo y consenso

Un sexenio de oportunidades perdidas: Dulce María Sauri

Yucatilandia solamente está en la imaginación del gobernador saliente: Leandra Moguel

Vemos con buenos ojos el regreso del PRI al poder: Mario Martínez Laviada

Coparmex califica como “buena” la gestión de Patricio Patrón Laviada

Reprobado el gobierno de Patricio Patrón: Alejandro Cuevas

Los resultados están a la vista: Tuffy Gaber Flores

Un sexenio perdido: Dajer Nahum

Acusaciones sin fundamento al Ipepac ofenden también a los votantes yucatecos: Marcos Celis Quintal

Surge la revista “Ambiente Inmobiliario”

Al Parecer... del verbo intrigar.

Con el dedo en la llaga...

La Caminera

Tunkul Politico

Contacto con la politica nacional

Cinco minutos de Umán

María Cristina Rosas

Ramon Romero

Felix Rubio Villanueva

Didier Barrera Novelo

Fernando Pacheco Bailón

Manuel Castilla Ramirez

Comparte Félix González Canto graduación de Bachilleres en Cozumel

Destacan el crecimiento económico de Campeche

Toman protesta al comandante de la XI Zona Naval en Chetumal

Cartón

La tinta tiene la palabra
(cápsula de audio)

 

 

La nueva Embajada de Estados Unidos en Irak
Edición 921, 14/Junio/2007





María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com

Uno de los temas más debatidos en Washington con motivo de la invasión perpetrada contra Irak a partir del 20 de marzo de 2003, es la edificación de la nueva embajada que representaría los intereses estadunidenses en Bagdad. El diseño tendría que ser grandioso, puesto que marcaría el compromiso de parte de la administración de George W. Bush de impulsar la democracia en el Medio Oriente, además de que sería una especie de símbolo de la “victoria” contra el autoritarismo. Así las cosas, se dispuso que la citada legación diplomática se asentaría en la fuertemente fortificada “zona verde”, cerca del río Tigris, en un área que comprende 42 hectáreas (equivalente al tamaño que tiene el Vaticano), con 27 edificios capaces de albergar a 615 personas y con murallas a prueba de bombas que rodearían al complejo. La mayor parte del personal diplomático viviría ahí mismo, alojándose en habitaciones pequeñas. Todo el complejo contará con sus propias fuentes de agua y energía. El costo de esta edificación es de 592 millones de dólares.

El embajador de EEUU ante Irak tendrá en este mismo espacio su residencia, la cual abarcará 15,000 metros cuadrados, y el jefe de cancillería tendrá albergue en un espacio de 8,350 metros cuadrados. Ambos contarán con alberca y gimnasio. No es necesario insistir en que el complejo, que será inaugurado el próximo mes de septiembre, ha generado fuertes críticas sobre la base de que es un elefante blanco cuyas funciones aun no han sido correctamente pensadas. Se trata de un bunker que será naturalmente blanco de ataques y la situación para el personal diplomático ahí encerrado, será dramática, especialmente a medida que Estados Unidos vaya retirando su presencia militar en Irak.

La ocupación estadunidense de Irak tiene un fuerte simbolismo para la población de ese país. Cuando Saddam Hussein fue depuesto, alrededor de 1 000 estadunidenses, entre personal militar y diplomático, se instalaron en uno de los palacios que alguna vez ocupó tan singular personaje. Así pareciera que Estados Unidos sustituyó al autoritario régimen de Hussein con el propio. A los ojos de los iraquíes, entonces, la colosal nueva sede diplomática estadunidense simplemente les confirma que Estados Unidos está más preocupado por sus intereses y seguridad particulares, que por apoyar a Irak en la solución de sus numerosos y complejos problemas, muchos de los cuales, dicho sea de paso, son producto de las propias acciones de la Unión Americana en la región.

Una de las grandes prioridades para la nueva embajada de los estadunidenses, es la seguridad. En principio, la “zona verde” era una buena elección, dado que solía ser una parte más estable de Bagdad respecto a otros suburbios. Sin embargo, en los últimos meses, la “zona verde” se ha convertido en blanco de ataques casi a diario, sea con cohetes, bombas y/o morteros. Tan sólo en mayo pasado, la embajada estadunidense (en el ex palacio de Hussein donde temporalmente se asientan los diplomáticos estadunidenses, que se ubica muy cerca del espacio que ocupará la nueva embajada) ordenó a todo su personal portar chalecos anti-balas y cascos cuando salgan al exterior de la legación diplomática, para evitar que les ocurra lo que a cuatro contratistas, quienes murieron cuando explotó un cohete que fue lanzado por fuerzas insurgentes y que estalló en las inmediaciones de la embajada actual.

Existe asimismo la preocupación de que la nueva embajada no será capaz de albergar a todo el personal estadunidense originalmente contemplado. Muchos empleados estadunidenses que se encuentran en Bagdad desarrollando labores diplomáticas son alojados en tráileres, lo cual expone su seguridad sobre manera, toda vez que basta con que los insurgentes ataquen con bombas los toldos para causar daño. El gobierno de Washington insiste en que esta situación cambiará con la nueva embajada y que vendrán “tiempos mejores”, pero ¿para quién?

Enviar por mail | Regresar
DESTINATARIO
 
E-mail*
REMITENTE
 
Nombre*
a
Correo
Comentario