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Cartas desde Berlín
Edición 924, 07/Julio/2007

¿A quién no le gustó la unificación alemana?




María Cristina Rosas

Berlín, Alemania.- Uno de los acontecimientos con mayor simbolismo a propósito del fin de la guerra fría, es, sin duda, la unificación de la República Federal de Alemania (RFA) con la República Democrática Alemana (RDA), concretada, tras múltiples negociaciones, el 3 de octubre de 1990. Este hecho, aunado al colapso de la Unión Soviética (el 21 de diciembre de 1991), constituyen los puntos de viraje del mundo bipolar y de la confrontación Este-Oeste, al orden internacional en que se desenvuelve el mundo en la actualidad.

Como se recordará, al ser derrotada Alemania en la segunda guerra mundial, quedó dividida en zonas de ocupación. Cuatro fueron las potencias que invadieron el territorio germano: Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética. Esta ocupación también se reprodujo en la ciudad de Berlín, situación a la que hay que sumar la construcción del infame muro en 1961. La unificación fue resultado en gran medida, de las reformas económicas y políticas introducidas por el régimen soviético liderado por Mijaíl Gorbachov en el transcurso de la década de los 80. La economía soviética, que ya mostraba signos de agotamiento, se vio obligada a flexibilizar las políticas de control que mantenía respecto a las naciones de Europa Oriental, la RDA incluida. Si bien Stalin ya había propuesto en 1952 la unificación alemana a sus contrapartes de EEUU, Gran Bretaña y Francia, siempre que la Alemania unida fuera neutral y se desarmara, lo cierto es que en el contexto de la guerra fría, con un ambiente internacional tenso basado en la premisa de la “suma cero” era muy difícil para Washington y Moscú hacer concesiones. El escenario cambió radicalmente con el debilitamiento de la URSS de Gorbachov, que ya no estaba en condiciones de imponerle condiciones a Occidente.

Así las cosas, los cuatro países ocupantes iniciaron las negociaciones conocidas como “dos más cuatro” –es decir, las dos Alemanias mas las cuatro naciones que la ocupaban- para acordar los términos de la unificación. Entre otros aspectos se decidió que la Alemania unificada formaría parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Asimismo, la RDA pasaría a formar parte de la Comunidad Europea, hoy Unión Europea.

Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas para la Alemania unificada. Para empezar, la Alemania occidental ha debido hacer una transferencia masiva de recursos a favor de la Alemania oriental, debido a la enorme asimetría imperante entre ambas. Según la Universidad Libre de Berlín, los costos de la unificación ascienden a unos 1. 5 billones (trillones) de dólares, en tanto, anualmente, el gobierno alemán destina 10 mil millones de dólares adicionales a favor de los territorios germano-orientales. Si bien hay en marcha numerosas obras de construcción y reconstrucción en la parte oriental del país, todavía, a 17 años de distancia, parece muy lejano el momento en que pueda hablarse de una simetría en los niveles de desarrollo imperantes respecto a los de la Alemania occidental. Lo que es más: las dificultades económicas que ha vivido Alemania en los últimos años, no las atribuye el Bundesbank a la introducción del euro en 2002, sino a la unificación. A ello hay que sumar las migraciones masivas de alemanes orientales a las zonas occidentales del país, para buscar mejores condiciones de vida.

De ahí el descontento imperante con la unificación. Se calcula que más de la mitad de los alemanes occidentales no han visitado todavía las provincias de la otrora RDA. Y aun hay más: hay quienes añoran la guerra fría y los tiempos en que el muro dividía a Berlín. Numerosos alemanes occidentales viajaban continuamente a Berlín oriental para visitar a sus “novias”: esa era la forma más segura de tener un “segundo frente” sin que lo supieran sus esposas, dado que los alemanes (y las alemanas) orientales no podían ingresar a Berlín occidental. Es razonable suponer que, con la caída del muro, una buena cantidad de “novias” viajó a Berlín occidental a visitar a sus galanes, para disgusto de las esposas de toda la vida. Correo electrónico: mcrosas@tutopia.com

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