LA OTAN RUSA
Por:
María Cristina Rosas ( mcrosas@tutopia.com
)
Edición
933, 10/Septiembre/2007
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
El pasado 16 de agosto, la capital de Kyrgyzstán, Bishkek, albergó la cumbre de la Organización para la Cooperación de Shanghai (OCS). Este foro, instituido inicialmente en 1996 con la denominación de los cinco de Shanghai con la participación de la RP China, Rusia, Turkmenistán, Kazajstán y Tayikistán –a quienes en 2001 se sumaría Uzbekistán- se propuso promover la cooperación fronteriza entre los participantes, poniendo énfasis en la agenda de seguridad de Asia Central. Sus miembros se reúnen anualmente y justamente en 2001, cuando su encuentro anual tuvo lugar en Shanghai, suscribieron la Declaración sobre la Organización para la Cooperación de Shanghai. Desde 1996, algunos países occidentales vieron con preocupación el mecanismo de cooperación que se estaba gestando en Asia Central con la concurrencia de Rusia y la RP China, y ya desde entonces se consideraba que los cinco de Shanghai podrían apoyar una estructura de seguridad similar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Esta percepción tiene sentido hasta cierto punto, si se toma en cuenta que el colapso de la Unión Soviética generó un vacío de poder en Asia Central que ha venido siendo aprovechado sobre todo por Estados Unidos, pero también por otras naciones como Irán, para disgusto y/o preocupación de Rusia y la RP China. Las reivindicaciones nacionales/separatistas que enfrentan los rusos en Chechenia, o bien los chinos en Xinjiang con los uygurs, preconizan un escenario de inestabilidad en una zona de indudable importancia en materia energética. Si a ello se suman los ataques terroristas contra Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001 y la consecuente aventura militar estadunidense en Afganistán –para la cual buscó emplazar bases militares en Asia Central-, es evidente que Moscú y Beijing, potencias regionales a quienes afectan directamente estos acontecimientos, requieren cooperar. Lo que también es cierto es que Rusia, con la debacle económica que vivió sobre todo a lo largo de los 90 durante el gobierno de Boris Yeltsin, no estaba en condiciones de garantizar la estabilidad de Asia Central: de ahí la importancia de la cooperación con la RP China, artífice de la OCS y que además alberga a su secretariado en Beijing.
En el marco del encuentro anual que los miembros de la OCS sostuvieron en Tashkent, Uzbekistán en junio de 2004, se convino en el establecimiento de la estructura antiterrorista regional (RATS), con sede, igualmente, en Uzbekistán. En 2006 se propuso en el seno de la OCS un plan para combatir el tráfico de estupefacientes en el marco de las políticas contra-terroristas.
Los países de la OCS han llevado a cabo múltiples ejercicios militares conjuntos, siendo el primero de ellos en Kazajstán en 2003, posteriormente en la RP China y en el 200 Chelyabynsk, Rusia, cerca de los Montes Urales, fue testigo de más maniobras militares en las que uno de los aspectos más destacado fue la presencia de tropas rusas y chinas (en el ejercicio efectuado en 2007 participaron más de 4 000 soldados chinos, de un total de 6 500 soldados de los seis países).
En el encuentro anual celebrado recientemente en Bishkek, asistieron, además de los jefes de Estado y/o de gobierno de los países miembros, el Presidente de Irán, así como autoridades de las altas esferas políticas de India, Mongolia y Pakistán, todos ellos poseedores del estatus de observadores en el seno de la OCS, situación que sugiere que esta institución, está adquiriendo una notable importancia no sólo a nivel regional. Baste mencionar que en 2005 Estados Unidos pidió que se le concediera el estatus como observador en la OCS y su solicitud fue rechazada. Es por ello que Washington considera que la OCS podría derivar en una nueva versión del “Pacto de Varsovia”, percepción no del todo correcta. Como se sugería líneas arriba, quienes llevan la batuta en la OCS son Rusia y la RP China, pero es claro que Beijing pesa más que Moscú en el perfil que asume la institución. Como es sabido, la prosperidad de la economía china depende en buena medida de una relación “cordial” con Estados Unidos, que es su principal socio comercial y una nación con la que no necesita ni desea conflictos. Sin embargo, Beijing tampoco quiere una presencia militar de Estados Unidos en Asia Central a las puertas del territorio chino, por lo cual podría ser muy receptiva al canto de las sirenas de Rusia, quien desearía utilizar a la OCS como una alianza militar anti-occidental.
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