Antología del disparate
Edición
938, 15/Octubre/2007
Frases de los políticos del mundo para la historia
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Oscar Wilde refería que nadie está salvo de decir tonterías. Claro está que las figuras que ocupan posiciones de poder son un blanco fácil para la mofa por la trascendencia que suelen tener sus discursos, opiniones y posturas sobre diversos temas. Así, quienes piensen que Vicente Fox fue el Presidente más pintoresco de México en razón de su léxico, se equivocan. George W. Bush, Carlos Saúl Menem, Augusto Pinochet, José María Aznar, y otros tantos personajes célebres serán recordados no sólo por su gestión como gobernantes, sino por lo que dijeron.
Vicente Fox, por ejemplo, comenzó su gestión como Presidente señalando que lo que le ofrecía a México era “honestidad, trabajar un chingo y ser poco pendejo.” Concluyó su mandato señalando “ya puedo decir cualquier tontería, al cabo que ya me voy.” George W. Bush, ciertamente es el candidato natural a recibir el premio de la dislexia, a juzgar por frases como “un número bajo de votantes es una muestra de que menos personas están yendo a votar”; “sé que en Washington hay muchas ambiciones, es natural, pero espero que los ambiciosos se den cuenta de que es más fácil triunfar con un éxito que con un fracaso”; “el problema de los franceses es que no tienen una palabra para entrepreneur”; “he hablado con Vicente Fox, el nuevo Presidente de México, para tener petróleo que enviar a Estados Unidos; así no dependeremos del petróleo extranjero”; “para la NASA, el espacio aún es una alta prioridad”; y la joya de la corona “es tiempo para la raza humana de entrar en el sistema solar.”
Carlos Sául Menem, a su paso por la presidencia de Argentina, hizo gala de sus conocimientos de historia al afirmar, entre otras cosas que “pende sobre nuestras cabezas la espada de Penélope”; “acá no se trata de sacarle a los ricos para darle a los pobres como hacía Robinson Crusoe”; y “leo mucho a Sócrates: en mi biblioteca tengo la colección completa de sus obras.”
Carmen Calvo, exMinistra de Cultura de España, será recordada por su acervo personal que incluye consideraciones como las siguientes: “el español está lleno de anglicanismos”; “estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”; “deseo que la UNESCO legisle para todos los planetas”; “yo he sido cocinera antes que fraila”; y “las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas.”
Hay, por supuesto algunas perlas como la del exPresidente de España, José María Aznar, quien afirmó tajante “tengo una oreja frente a la otra”; o la del tristemente célebre Augusto Pinochet: “esto no es una dictadura, es más bien una dictablanda”; o bien la del Ministro de la Corte Suprema de Chile, Alberto Chaigneau: “y si resulta que yo soy maricón, a ver, ¿qué podría pasar?; no lo soy, pero si lo fuera ¿cuál sería la diferencia?”; o la del exPresidente español Felipe González “yo pienso que yo no pienso, digo yo”; o la del Ministro del Interior durante la presidencia de Menem, José Luis Manzano: ”yo robo para la Corona.”
En una dependencia pública de Brasil se dejó ver en cierto momento una máxima extraordinaria: “la teoría es cuando se sabe todo y nada funciona; la práctica es cuando todo funciona y no se sabe porqué; en este recinto se conjugan la teoría y la práctica: nada funciona y nadie sabe porqué.”
Las frases domingueras de los políticos mexicanos no fueron exclusivas de Vicente Fox. Ahí está el caso de Andrés Manuel López Obrador con su consabido “como yo, también Jesucristo fue perseguido y espiado”; del líder de la CTM Leonardo Rodríguez Alcaine, quien decía: “el chiste no es orinar sino hacer espuma”; o inclusive Álvaro Obregón, que trataba de convencer a los mexicanos de que “yo soy el mejor candidato a la Presidencia porque sólo tengo una mano” [para robar]. Ante esto, no le queda a los humildes gobernados más que exclamar, a la usanza del conocido filósofo Homero Simpson: “¡Alabado sea Jebús!
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