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La prohibición de las minas terrestres anti-personal diez años después
Por: María Cristina Rosas ( mcrosas@tutopia.com )
Edición 951, 21/Enero/2008







María Cristina Rosas *

El pasado tres de diciembre se cumplieron 10 años de la creación de la Convención para proscribir las minas terrestres anti-personal, también conocida como Convención de Ottawa dado que fue en Canadá donde fue suscrita.

Se trata de un instrumento jurídico de enorme importancia y único en su tipo, dado que se propuso destruir, desactivar y proscribir un tipo específico de armas pequeñas que en las últimas cinco décadas del siglo XX provocó la muerte de más personas que todas las armas nucleares, químicas y biológicas empleadas en esos diez lustros.

Las minas anti-personal son un tipo de armamento muy peculiar. La definición legal que hay de las minas es la siguiente: se trata de una munición colocada bajo o cerca del terreno u otra superficie y que ha sido pensada para explotar ante la presencia, proximidad o contacto con una persona o vehículo.

De hecho, hay tres características que distinguen a las minas de cualquier otro tipo de armas o municiones. La primera es que son diseñadas para ser detonadas por la víctima, en tanto la mayor parte de las armas son pensadas para ser disparadas y emplazadas por los soldados o los victimarios.

En segundo lugar, las minas son armas de acción postergada, y tienen efectos indiscriminados, ya que bien pueden matar combatientes o civiles aun cuando el conflicto haya terminado, en tanto que la mayor parte de las municiones estallan con el impacto en el mismo momento. En tercer lugar, las minas se mantienen ocultas por años, ya sea que estén plantadas o cubiertas por arena, basura o vegetación.

La mayor parte de los campos minados son difíciles de distinguir desde los alrededores. Las minas son, al decir de un general del Khmer Rouge, “el soldado perfecto”, ya que siempre están preparadas, nunca fallan y nunca duermen. De hecho se trata de una especie de “soldado mecánico” que no necesita ser alimentado, que no es desobediente ni cuestiona órdenes y siempre produce “resultados.”

A principios de la década de los 90, la Cruz Roja Internacional advirtió a la comunidad de naciones en torno al daño que las minas provocan a los seres humanos en todo el mundo, sea que causen muerte, mutilaciones y/o agotamiento de los bancos de sangre, debido a que quienes sobreviven a la explosión de las minas, generalmente necesitan transfusiones cuantiosas para sobrevivir. Se calcula que en el mundo hay alrededor de 119 millones de minas sembradas, y que el costo de su remoción sería de 33 mil millones de dólares. Los expertos afirman que la erradicación de todas las minas del mundo tomaría 1 100 años, y ello si ninguna nueva mina fuera fabricada o almacenada. Asimismo, por cada 5 mil minas que son retiradas y desactivadas, un especialista en este proceso muere y dos más resultan heridos.

Hacia el 30 de noviembre de 2007, 156 países habían suscrito la Convención de Ottawa, incluyendo al continente americano, con la excepción de Estados Unidos y Cuba, y buena parte de los Estados africanos y europeos.

Desafortunadamente, además de la Unión Americana hay otras naciones que siendo importantes productores de minas, se resisten a suscribir la citada convención, destacando Rusia, China, India y Pakistán. El hecho de que estos países no formen parte de la convención, sirve como justificación a diversas organizaciones criminales en todo el mundo para seguir empleando estos letales sistemas de armamento.

A pesar de ello, el uso de las minas a nivel mundial ha disminuido en la pasada década, razón por la que la Convención de Ottawa es considerada como una legislación modelo para lidiar con otra serie de armas pequeñas que siguen causando estragos en diversas partes del mundo. Es el caso, por ejemplo, de las minas anti-vehículo, excluidas de la Convención de Ottawa, al igual que de las bombas de racimo, cuyas cargas pueden no detonar al impactarse y se erigen en un problema muy parecido al de las minas anti-personal. Y es que si bien las voces a favor del desarme de estos sistemas son numerosas, la carrera armamentista ha vivido un nuevo auge a partir del 11 de septiembre de 2001, por lo que la lucha contra la proliferación de armas pequeñas, desafortunadamente no se encuentra en su mejor momento. Correo electrónico: mcrosas@tutopia.com

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