María Cristina Rosas
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Kosovo es un estratégico territorio localizado en los Balcanes, con una extensión superior a los 4 mil kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 2 millones de habitantes. Tiene un terreno mayormente montañoso, rodeado por Albania, Macedonia, Montenegro y la parte central de Serbia a la que formalmente pertenece. Su estatus político está a discusión, debido a que tras la guerra de 1999, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la resolución 1244 mediante la cual Kosovo quedaría bajo la autoridad de la Misión de Administración Interina de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK), designando igualmente como responsable de proveer seguridad en la zona a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a través de la Fuerza de Kosovo (KFOR). La resolución 1244 reafirmó la soberanía de Serbia sobre Kosovo y pedía a la comunidad internacional que garantizara la integridad del territorio. Desde entonces, Naciones Unidas ha patrocinado negociaciones encaminadas a llegar a un acuerdo en torno al estatus constitucional de Kosovo, pero las autoridades provisionales del territorio decidieron proclamar unilateralmente la independencia el pasado 17 de febrero de 2008, recibiendo, al 20 de marzo, el reconocimiento oficial de 33 países –entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Albania, Italia, Turquía y Japón. Su independencia es un asunto controvertido y es rechazada por Serbia, Rusia, España y otros 18 países, quienes insisten en que Kosovo es una provincia serbia bajo el control provisional de Naciones Unidas. China, por ejemplo, considera que se deben llevar a cabo más negociaciones, indicando que por ahora no puede tomar una decisión respecto a reconocer o no la independencia de Kosovo.
Llama poderosamente la atención, la prestancia y celeridad de Estados Unidos para reconocer la independencia de Kosovo, pese a que, como era de esperarse, ello violenta sus relaciones con diversos países europeos, Rusia y China. Ocurre que Kosovo es un enclave sumamente estratégico en el corazón de los Balcanes y al amparo de la KFOR Estados Unidos estableció una base militar denominada Camp Bondsteel, nombre que recibe en honor a un veterano de la guerra de Vietnam. No es la única base militar en Kosovo pero es una de las más importantes. La base militar tiene una extensión de 360 mil metros cuadrados, y fue establecida en 1999, en el contexto de la guerra de Kosovo, para apoyar las operaciones militares de EEUU contra posiciones serbias. En ese entonces, alrededor de 4 mil soldados estadunidenses fueron emplazados. Terminada la guerra, la necesidad de “mejorar la calidad de vida” de los soldados, sobre la base de que su presencia sería semi-permanente, llevó a erigir todo un complejo que incluye 250 chozas del tipo de las que existen en el sureste de Asia con baños y duchas y camas confortables, además de aire acondicionado. En la base es posible adquirir cualquier producto que permita a los soldados el confort, desde televisores, DVDs, música y equipos de sonido. Asimismo, hay restaurantes de comida rápida como Burger King, Taco Bell y Anthony’s Pizza, además de cines e instalaciones recreativas..
Hasta antes de que Kosovo proclamara su independencia, la permanencia de EEUU en el territorio dependía de Serbia. Sin embargo, si Kosovo fuera un país independiente, Estados Unidos podría convertirse en “país garante” de su soberanía, garantizando al mismo tiempo, una presencia permanente en la zona de cara a Serbia y sobre todo de Rusia. Existen experiencias similares, por ejemplo, con la ocupación estadunidense de Alemania occidental y de Japón tras la segunda guerra mundial. Por supuesto que esta “ocupación” estuvo directamente vinculada con la guerra fría y la confrontación político-ideológica con la Unión Soviética, donde Alemania occidental y Japón hicieron las veces de “muros de contención” para salvaguardar los intereses del sistema capitalista y de los estadunidenses, en particular.
Al terminar la guerra fría, se podría pensar que la lógica de los “muros de contención” ya no existe. Sin embargo, dado que la rivalidad estratégica entre EEUU y Rusia prevalece, Kosovo se erige en el rehén de las potencias del siglo XXI.