STEPHEN HARPER: PRIMER MINISTRO DE CANADÁ
Por:
María Cristina Rosas ( mcrosas@tutopia.com
)
Edición
849, 30/Enero/2006
El pasado 23 de enero, con motivo de los comicios federales, los canadienses acudieron a las urnas, dando su apoyo al líder del Partido Conservador, Stephen Harper, de 46 años de edad, a fin de formar un nuevo gobierno. Con ello, la gestión de los liberales, quienes desde 1993 se mantenían en el poder, llega a su fin.
Harper, quien también contendió en los comicios federales de 2004, perdiendo a favor del líder liberal, el multimillonario Paul Martin, aprendió de esa experiencia. En aquella oportunidad, los liberales lograron influir en la opinión pública a través de una propagando catastrofista contra los conservadores, exaltando lo que pasaría si Harper llegaba al poder. Criticaban de Harper su conservadurismo, su negativa a mantener y promover el biculturalismo, su apoyo a la guerra de Estados Unidos contra Irak, y su rechazo a los matrimonios del mismo sexo, entre otros temas.
María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
El pasado 23 de enero, con motivo de los comicios federales, los canadienses acudieron a las urnas, dando su apoyo al líder del Partido Conservador, Stephen Harper, de 46 años de edad, a fin de formar un nuevo gobierno. Con ello, la gestión de los liberales, quienes desde 1993 se mantenían en el poder, llega a su fin.
Harper, quien también contendió en los comicios federales de 2004, perdiendo a favor del líder liberal, el multimillonario Paul Martin, aprendió de esa experiencia. En aquella oportunidad, los liberales lograron influir en la opinión pública a través de una propagando catastrofista contra los conservadores, exaltando lo que pasaría si Harper llegaba al poder. Criticaban de Harper su conservadurismo, su negativa a mantener y promover el biculturalismo, su apoyo a la guerra de Estados Unidos contra Irak, y su rechazo a los matrimonios del mismo sexo, entre otros temas.
Para los comicios recién celebrados, los conservadores lograron neutralizar la propaganda liberal, y Harper apareció, a los ojos de los electores, como una persona más moderada. Asimismo, a diferencia de los liberales, quienes parece que daban por descontada la victoria, Harper apareció continuamente en spots en los medios de comunicación, ganando rápidamente presencia y remontando en las encuestas.
Con todo, Harper se enfrenta a un escenario político delicado. Su victoria no fue contundente y con 124 escaños frente a los 101 del Partido Liberal, carecerá del apoyo necesario para gobernar, a menos que recurra a alianzas con los otros partidos políticos con representación en el parlamento, especialmente el Bloc Québécois que posee 54 escaños, y el Nuevo Partido Democrático (NPD), de orientación social-demócrata, que tiene 29 escaños.
Una alianza con el Bloc Québécois se antoja difícil, a menos que haya una negociación entre Harper y el gobernador de Québec, Jean Charest. En esta negociación, Harper debería disipar los temores imperantes en la provincia francófona de que el nuevo Primer Ministro velará sólo por los intereses del Canadá de la costa oeste (recuérdese que el actual Partido Conservador se formó por la fusión de numerosos partidos y grupos de derecha, incluyendo el Partido de la Reforma, crítico del estatus de “sociedad distinta” para Québec y del otorgamiento de apoyos federales especiales a esa entidad), y que en cambio, incorporará las preocupaciones de Québec en la agenda federal.
Por la situación tan particular que tiene el Partido Conservador con Québec, el aliado parlamentario más plausible a nivel federal será el Nuevo Partido Democrático. Sin embargo, lejos de haber coincidencias entre los conservadores y el NPD, prevalecen diferencias ideológicas fundamentales y ello, en una hipotética alianza a nivel parlamentario, podría resquebrajar la base de apoyo de Harper.
Si bien Harper es oriundo de Toronto, sus estudios de economía los concluyó en la provincia de Alberta, en donde trabajó, desde joven, para la industria de los hidrocarburos. De hecho, su carrera política la desarrolló en Alberta, siendo uno de los fundadores clave del conservador Partido de la Reforma, acuñando iniciativas para denunciar el olvido en el que, presumiblemente la federación tiene al Canadá occidental, respecto, por ejemplo, a Québec y Ontario.
Desde hace tiempo, Alberta reclama que le remite muchos recursos a la federación (vía el sector de los hidrocarburos) que son entregados a otras provincias como Québec, mientras que los albertianos son relegados a un segundo plano de importancia. Al respecto, será interesante ver si Harper logra conciliar entre dicha provincia y la federación.
Finalmente, en el terreno de la política exterior, en principio tendrá que haber una mayor empatía entre Harper y George Bush, dado el conservadurismo de ambos. Sin embargo, respecto a América Latina, que se orienta crecientemente a favor de los gobiernos de izquierda, la dupla Harper-Bush podría encontrar problemas para mejorar las relaciones a nivel hemisférico, porque numerosas naciones latinoamericanas verían en el nuevo Primer Ministro canadiense un aliado “pro-Bush”, en lugar de un aliado de los latinoamericanos.
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