China y la carrera armamentista nuclear
Por:
María Cristina Rosas ( mcrosas@tutopia.com
)
Edición
851, 13/Febrero/2006
Shanghai, China.- El espectacular crecimiento económico que experimenta China, ha llevado a numerosos diplomáticos, figuras políticas y académicos, a asumir, con pesimismo, que ello constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Argumentan que la vorágine económica china demanda crecientes recursos estratégicos del mundo, y que, si el acceso a dichos recursos se restringiera, China podría hacer uso de la fuerza para garantizar el aprovisionamiento que tanto necesita.
Por María Cristina Rosas
mcrosas@tutopia.com
Shanghai, China.- El espectacular crecimiento económico que experimenta China, ha llevado a numerosos diplomáticos, figuras políticas y académicos, a asumir, con pesimismo, que ello constituye una amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Argumentan que la vorágine económica china demanda crecientes recursos estratégicos del mundo, y que, si el acceso a dichos recursos se restringiera, China podría hacer uso de la fuerza para garantizar el aprovisionamiento que tanto necesita.
Con todo, el debate sobre la supremacía económica de China suele soslayar una revisión cuidadosa de sus capacidades militares. A final de cuentas, en la medida en que China tenga abundantes recursos económicos, podrá reforzar y modernizar sus capacidades ofensivas y defensivas. Baste mencionar que cuenta con el ejército más numeroso del planeta, con aproximadamente 2 millones 250 mil efectivos. El presupuesto que China destina a la defensa es motivo de numerosos especulaciones, pues hay quienes lo ubican en el rango de los 90 mil millones de dólares anuales y otros que señalan que equivale a un tercio de ese monto. Pero aun cuando la cifra fuera por 30 mil millones de dólares, francamente es un monto nada despreciable.
China es, además, potencia nuclear desde 1964, año en que detonó con éxito su primera bomba atómica. No es ocioso preguntar quién o quiénes son los adversarios estratégicos de China, para justificar un costoso programa nuclear que consta de 400 armas nucleares (los estadunidenses afirman que en realidad son 2 mil). En primer lugar habría que destacar la vieja rivalidad entre China y Japón. A continuación, se podría incluir a India, país con el que China sostuvo una contienda bélica en 1962. De igual manera puede hablarse de la relación que China tiene con Rusia, que, por momentos, se caracteriza por la cooperación, pero en otros, salen a relucir importantes rivalidades.
Finalmente, no habría que dejar de lado la injerencia de Estados Unidos en Asia y el rechazo de China al hegemonismo de ese país sobre el mundo.
Un hecho menos conocido respecto a los efectos colaterales de la adquisición, por parte de China, del secreto atómico, es el programa nuclear de Taiwán. Si bien la ínsula no posee armas nucleares, en 1956, con la fundación de la Universidad Nacional de Tsinghua, se erigió en ese lugar el primer reactor nuclear del país. En 1964, cuando la China continental hizo su primer ensayo nuclear, los taiwaneses iniciaron su propio programa de armas nucleares. Se construyó, para ese fin, un “reactor de investigación”, que empezó a operar en 1973. Un año después, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos advertía que Taiwán realizaba un programa nuclear con el firme propósito de dominar el secreto atómico, cosa que presumiblemente se lograría cinco años después. Ciertamente EEUU presionó a Taiwán para que desistiera de esta empresa, debido a las implicaciones estratégicas que tendría para la seguridad regional y global.
Una arista adicional de las capacidades nucleares de China es la cooperación que puede tener con otros países en esta materia. Como se sugería líneas arriba, las relaciones entre China e India, si bien son cordiales en el momento actual, no eliminan la rivalidad imperante. En esta lógica, para contener a India, China puede echar mano de un importante adversario de Nueva Delhi: Pakistán. Así, aunque el origen del programa nuclear pakistaní se encuentra en la tecnología que en los años 50 y 60 Canadá transfirió tanto a Nueva Delhi como a Islamabad, lo cierto es que para los años 90, en que Pakistán se incorporó al temido “club nuclear”, todo parecería indicar que hubo un apoyo importante de parte de Beijing a esta empresa. Como se ve, la problemática de la carrera armamentista nuclear en el volátil continente asiático es mucho más compleja de lo que podría suponerse.
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